Desorientado [Cuento]
Posted by Marco on nov 12, 2010 in cuentos | 0 comments
Previously on Andando sin caminos:
Salgo a la calle, camino una cuadra, miró hacia atrás, y veo como todo empieza a desaparecer, reapareciendo las tiendas comerciales, el tráfico y el ruido en esa tranquila calle. (…) - Lo hecho, hecho está. – Me dije a mi mismo. – Aunque no hubiera querido que sea así. (…) – ¿Donde está el terno para la cena?. Miré por los sillones, por el closet, por todo el departamento. Al final, asustado salí hacía la cochera. El traje se encontraba sobre el techo del auto, y no se encontraba mojado gracias a la funda. (…)
De pronto soy arrastrado con auto y todo por una camioneta que iba en una transversal. Mi cabeza se golpea con la ventana izquierda, y luego (…) Me golpee con la luna bastante fuerte y me desperté un poco adolorido. El cobrador de combi me dijo: chino…chino, ya hemos llegado al paradero. (…) Ella me dijo: – Has estado bien raro. Me llamaste casi a las tres de la mañana. Por eso te llamé –. Le dije que había borrado cassette, que no me acordaba de nada, y que a lo mucho me acordaba haberme quedado en la combi de regreso. – ¡¡¡¿Te fuiste en combi?!!! – Me gritó. (…)
Al día siguiente del accidente. 8:30 a.m.
Camino a oscuras dentro de la casa, bajo las escaleras, siento frío, ando buscando algo pero no sé que es, me siento agitado. El primer piso de la casa, aún está a medio pintar. Veo a través del ventanal. Hay una chica de vestido azul cuyo rostro no puedo ver, que está con un arma apuntándose a la cabeza. Voy corriendo, quiero gritar pero no puedo….Corro agitado (…)
Abro los ojos, totalmente desorientado y aún en shock. Veo el techo y las paredes blancas. Estaba con un collarín, con la cabeza y el hombro vendado y una pierna enyesada. Un médico flaco y calvo me miraba atentamente, y me apuntaba con la luz de una linterna directo a los ojos.
- ¿Como ha amanecido? – Preguntó el médico. Detrás de él vi a dos enfermeras quienes se me acercaban para atenderme y ver el suero.
- Bien doctor. Solo que me duele todo el cuerpo, como si me hubieran dado una paliza.-
- Ha tenido suerte, casi se nos ha ido. Felizmente lo trajeron a tiempo. – Le vamos a administrar unos medicamentos para el dolor. Probablemente se sienta un poco adormecido en un rato, pero es normal.
En ese momento, el médico habló en voz baja a las enfermeras, luego se fue. Al rato, una enfermera me trajo algo de desayuno. Era un día con mucho sol, al menos eso me alegraba el día.
Media hora después llegó mi madre y mi hermana quienes se quedaron conversando conmigo buen rato. Me contaron que el auto quedó hecho añicos y que el dueño de la camioneta había fugado, y no pudo ser identificado. Pregunté por Claudia, y mi hermana me contó que estaba muy afectada por lo que me había pasado, y que como había estado hasta muy tarde cuidándome.
Mi madre y mi hermana se quedaron conversando conmigo una hora más, luego se retiraron de la habitación y me quede solo.
En ese momento de soledad, me sentí extraño, durante mi inconsciencia había tenido una serie de sueños “pastrulos” como se les podría llamar. Nunca entendí la naturaleza de los sueños, pero me pareció interesante.
Ahora, estaba aburrido y en el fondo tranquilo. Ya no me sentía con la carga del compromiso, del matrimonio, de los arreglos, de gastar mucho dinero, de los hijos, de gastar más dinero, de la calvicie, de la vejez, de la enfermedad, de esa frase que significaba para siempre. Al menos por un instante, sentí que el choque no había sido tan malo, al menos me permitía soñar y divagar. Al menos me dejo unos días de descanso.
A mi lado, había una mesita con patas largas y ruedas. Me habían dejado una galleta grande en un plato. Procedí a morderla… (…)
Observé que el calendario tenía los días del mes de octubre, y tenía como fondo la imagen de una niña con sombrero.
- ¿Estás bien?. Pareces ido. Come tu comida. – pregunto mi madre. – Sí – respondí.
- Para eso tomas, luego andas resacoso – Dijo mi hermana. – Naa…. Estoy bien- Le respondí.
Me encontraba sentado en la mesa, con mis hermanos y mis padres. Por más que lo intentaba no podía recordar lo que estaba pensando… Tenía hambre y seguí comiendo (…)
Vi la pared blanca de la clínica, busqué la galleta que estaba comiendo, y vi que cayó al suelo. No entendí como se me había podido caer. Estaba hecha añicos. Me sentí frustrado, no podía levantarme a recogerla, me dolía ligeramente el cuerpo, así que era mejor no hacer esfuerzo.
Me incliné en mi cama, aún era de mañana. Cerré los ojos y me eché a dormir.
Read MoreEl traje mojado [Cuento]
Posted by Marco on ago 4, 2010 in cuentos | 0 comments
8:20 p.m. El día anterior al accidente.
Llegué al establecimiento del sastre. Habían unos cuantos maniquíes con ternos perfectamente hechos y de buena calidad. –¿Viene a recoger su traje señor? – preguntó un muchacho que había en la recepción. – Sí. Aquí tiene mi recibo. – Respondí. – Un momento señor. Ahorita se lo traigo – Dijo el muchacho, mientras iba al interior a buscar mi traje.
Eran más de las ocho y veinte de la noche, según el reloj de pared de la tienda. Miré por la ventana, ahora garuaba con más fuerza. – Hola hijo. ¿Otra vez zombie? – . Voltee y miré al sastre, que era un hombre bastante mayor de alrededor de sesenta años, de contextura gruesa y algo canoso. – Hola. Nada que ver. ¿Como le va todo don Jaime? – Le pregunté. – Bien. Bien, con mucho trabajo últimamente. Tu padre me ha contado que pronto pasas a la fila de los casados – Me dijo el sastre. – Así es don Jaime. Es una de mis últimas preocupaciones. – Le respondí.
- No lo creo, vendrán más. Sin embargo, vas a ver que te va a ir bien. Bueno tengo que irme. Cuídate, y saludos a tu padre –. En ese momento le estreché la mano a Don Jaime, quien la apretó con fuerza y me dio un abrazo como de padre a hijo. Luego, salió por la puerta a paso lento.
Esperé unos minutos más, y cuando me empezaba a aburrir salió el muchacho con mi traje. El muchacho preguntó si deseaba probarme el traje. Le dije que sí. Me probé el terno, me quedaba excelente.
Ya en la calle, y acomodado en el auto, lo prendí, se escuchaba Stone Templed Pilots con la canción “Interstate Love Song”. Me sentía confuso y sediento de alguna manera, de algo que no sabía que era. Pare en el viejo bar, al cual iba cuando era chiquillo. No había ido allí desde que me mudé. Entré y me encontré con Hitomi, mi amiga de ascendencia japonesa, quien estaba conversando con el bartender. – Hitomi – La saludé. Ella estaba distraida. – ¡ Hitomi ! – Dije con más fuerza.
Ella volteó, y al verme, saltó de su silla y se trepó encima mío para abrazarme, con una sonrisa de oreja a oreja. – Amigo. A los tiempos vienes al barrio – Dijo ella. – Así es. Mañana me voy a comprometer formalmente, y voy a ir a casa de mis futuros suegros. Que desastre. – Le dije a ella. – Jajajja – río ella – Todo te va a salir bien. Vas a ver. Eres un excelente chico. Además lo que más importa es que ella ya te acepto.
- Tienes razón. – Le dije – Más bien te invitó un vino, como para brindar –. Hitomi aceptó y nos movimos hacía una mesa que había cerca. Nos sirvieron el vino. La miré a los ojos y le sonreí. – ¿Que pasa amigo? - preguntó ella. – Nada – Le dije. – Sino que todo me parece tan extraño –. Ella río y me miro a los ojos profundamente.
Entre los dos, sabíamos que siempre había algo entre ambos, pero recién esa noche, ella acercó su cabeza hacía mí, y mi instinto me impulsó a besarla, porque desde hacía años lo había querido, sin oportunidad. Me quedé varios minutos minutos besándola, pero al final retrocedí y me senté correctamente.
– Bueno. Tengo que irme. Mañana tengo que trabajar temprano, y no puedo quedarme hasta tarde. – Dije. – Está bien. Vamos.- dijo ella. Pagué la cuenta y salimos. – ¿Me llevas a mi casa? – preguntó. Pensé en responderle que su casa quedaba a unas cuadras y que más fácil era que llegará a pie que en auto, pero al final, le respondí – Será un honor. Claro.
Entramos al auto, iba prenderlo, pero al final la miré. Ella me miró. Terminamos besándonos otra vez. – ¿Quieres ir a mi departamento por unos tragos?. – le pregunté. Ella respondió que sí. Ambos sabíamos que no íbamos a tomar nada. Prendí el auto y se escuchaba I will follow de U2. Arranqué el auto, y aceleré lo más rápido que pude. Iba a a 80 kph sobre la pista mojada. Felizmente la pista estaba despejada en la avenida Javier Prado a las 11:40 pm. Miré hacía los árboles de mi izquierda mojados totalmente, y cayendo el agua por las hojas.
Una vez que llegué a casa, hice pasar a Hitomi, quien se sentó en los sillones de la sala. Timbra mi teléfono. Le hago una seña a Hitomi para que no haga ruido. – Aló. Hola, ¿como estás preciosa? – Le digo a Claudia. – Bien. Me pareció raro que no me llamaras. – Me dijo ella a modo de recriminación. – Sí, disculpa, sino que había ido a casa de mis padres, y allí me encontré con mi hermano, quien me invitó un vino y me empezó a contar de sus aventuras periodísticas. Ya ahorita estoy en mi cama. – le dije. – Ah ya. Está bien. Te quiero amorcito, ya mañana nos vemos. Llega puntual a la cena – Agregó ella. – Está bien, nos vemos. Te quiero también. Un besote para ti. Nos vemos mañana a la hora de la cena con tus padres. – Le respondí. Luego de eso colgué.
- Que serio eres – Dijo Hitomi. – Disculpa, sino que me da vergüenza ponerme demasiado meloso por teléfono. – Añadí – ¿En que estábamos? – Le pregunté.
Ella me miró fijamente a los ojos. Me acerqué a ella. Le cogí de la mano, y la llevé a mi habitación. Allí la besé. Le quité su abrigo. Ella me quitó la corbata. En eso ya me quité el terno y todo. Ella se quitó la blusa, su pantalón negro de vestir. Llevaba bragas negras semitransparentes y un brasier negro, que no dejaba mucho a la imaginación. Me exito verla así. Le quité lo último que llevaba, mire sus ojos negros achinados y la bese. Le bese todo el cuerpo. Su piel era suave, bien formada. Sus senos eran perfectos.
Después de tocarla toda, le hice el amor hasta un momento que no recuerdo, porque no recuerdo más. Cuando desperté eran 6:40 de la mañana. Hitomi dormía cubierta con las sabanas. Me desperté sobresaltado, preguntándome. – ¿Donde está el terno para la cena?. Miré por los sillones, por el closet, por todo el departamento. Al final, asustado salí hacía la cochera. El traje se encontraba sobre el techo del auto, y no se encontraba mojado gracias a la funda. La gran lluvia de anoche no había podido contra mí.
Read MoreLa lluvia y el café [Cuento]
Posted by Marco on may 31, 2010 in cuentos | 0 comments
24 horas antes del accidente. 7:12 p.m.
Era ya de noche, y garuaba ligeramente en Lima. Estaba en Jesús María, a unos metros de su casa, estacionado afuera con el auto. Ella llegaba a la entrada de su edificio con su hija cargada e iba con su marido. Sentí que ya no podía cambiar nada, aunque dentro de mí lo quería.
Mañana iba a pedir la mano de Claudia, y no sé porque razón quise ver a Diana, aunque sea de lejos. Claudia era una gran chica, la chica de mis sueños, estudiosa, bonita, divertida; sin embargo, una extraña nostalgia me había hecho ir a casa de Diana, a mirarla desde lejos, como si fuese un loco acechándola.
- Lo hecho, hecho está. – Me dije a mi mismo. – Aunque no hubiera querido que sea así.
Me quedé sentado unos minutos, recordando a Diana. Lo feliz, lo bueno y lo trágico de todo lo que nos había pasado. Mientras garuaba recordaba cuando me llamó por teléfono meses atrás, y ella pidió que nos encontráramos. (…)
Después de tantas discusiones, al fin me había armado de valor para decirle lo que quería decir. Nos encontramos de noche en una pequeña cafetería, donde nos gustaba ir a comer años atrás. Era un lugar, sencillo, acogedor, y lo bueno es que no era caro. Se podía tomar un buen café, tomar buenos jugos y comer ricos sandguches. Fui entusiasmado y sonriente. A Diana, la encontré sentada en una mesa junto a la ventana. Pensé que ella también quería volver, y yo quería darle una sorpresa. Sin embargo, cuando la vi detenidamente, su mirada era un poco ida e iba triste, mirando hacía la calle.
- Hola. ¿como estás?. – Le dije. Me acerqué y le di un beso en la mejilla. Luego busqué mi silla y me senté.
- Hola Roberto. ¿Como has estado? – Preguntó ella.
- Bien, aunque siempre pensando en todo lo que ha pasado. – respondí con una sonrisa seria.
Ella se veía con el rostro dubitativo. Estaba tomando un café. Llegó la mesera, y pedí un jugo y un sandwich. Cuando llegó el pedido empecé a comer. El sandwich estaba bueno.
- Te llamé porque tengo algo que decirte. – Me dijo. – Yo igual – le contesté sonriendo. Le quise dar la mano, pero ella la alejo. Me pareció raro, pensé que ella se quería hacer la difícil.
- Yo primero – dijo ella. Iba decir algo, pero luego ella empezó.
- Estoy embarazada. – dijo rápidamente. Me cogió de sorpresa. Casi de inmediato me quedé frio, y sin capacidad de reaccionar. – Sin embargo, para tu tranquilidad te aviso que el bebé que voy a tener no es tuyo. – añadió.
No podía decir nada, me bajo la temperatura del cuerpo, y sentí un frio casi helado. Recordé la última vez que estuve que había tenido relaciones con Diana, y ello no había sido demasiado tiempo atrás, no más de mes y medio, exagerando.
- ¿Estás segura? – pregunté.
- Sí. Ya me hice mis exámenes. - Dijo ella. – No me refiero a eso. – Añadí.
- ¿Sobre si no es tuyo?. – preguntó. Yo afirmé que sí con la cabeza. – Estoy completamente segura que no es tuyo. Después de haber estado contigo por última vez, me vino mi regla con normalidad, más no paso así con el padre de mi bebé.
Quería llorar, pero yo no podía. Quería insultarla, pero no me salían las palabras. Solo atiné a tomar mi jugo y terminármelo rápidamente. No podía levantar la cabeza, ni mirarla a la cara. Voltee hacía la ventana, y miré los autos pasando.
- Felicitaciones, entonces.- Le dije a Diana. – Espero que te vaya bien, a ti y a tu bebé. No te preocupes por nada. Solo te deseo lo mejor. Cuídate. Chau.
Ella me miro triste. Por mi parte, me levanté de la silla, pagué la cuenta y me di la vuelta. No quería mirar hacía atrás, solo quería salir, ir al auto y volver a casa. (…)
Ahora yo estaba allí frente a su edificio en el auto. Ella ya había entrado a su casa. Solo pude atinar a poner en marcha el auto, mirar la lluvia y decir para mi mismo – Adiós -, mientras ponía en marcha el auto con dirección al sastre, para recoger mi terno para la pedida de mano de Claudia.
- Al menos ya tengo los gemelos y la camisa – pensé.
PS: Sugiero escuchar el relato con está canción de Michael Giacchino – There’s no place like home.
Read MoreNoche de copas [Cuento]
Posted by Marco on may 19, 2010 in cuentos | 0 comments
Estaba echado en mi cama mirando el techo, pensando en los porqués. Me sentía sin rumbo, sin futuro, con ganas de llorar pero sin poder hacerlo. La decepción era muy grande, pero tenía que olvidar lo que había quedado atrás. Me senté en la cama, no quería seguir pensando. Sentía que mi futuro había cambiado, que ahora iba sin rumbo, sin saber a donde iba llegar.
Era sábado en la noche, así que jalé la laptop. La abrí, abrí el messenger, y encontré a Karina conectada.
- Hola. ¿que tal como te va?. – Le escribí. Ella me respondió que estaba bien, me comentó que se iba a reunir con unos amigos en un bar, para tomar algo y escuchar buena música por Miraflores. Le pregunté si podía ir, me dijo que normal fuera, pero que tenía que estar a las diez de la noche en punto en su casa, porque a esa hora iba a salir. Le dije: – Perfecto. Nos vemos, entonces. Cuídate mucho, ahí hablamos. Saludos.
Ella se despidió. Cerré la tapa de la laptop, y me fui a alistar. Me bañé, me afeité, me puse una colonia, tomé mi pastillas para la alergia. Me puse una camisa azul, un pantalón marrón, guardé mi billetera, mis llaves, mi celular Motorola que aunque no era el mejor, me era muy fiel para todo momento. Mirándome al espejo, me di cuenta que era mejor no llevar lentes, así que me puse lentes de contacto. Bajé rápido por las escaleras, salí a la calle, y busqué un taxi que me llevará a casa de Karina.
Una vez que llegué a su casa, ella abrió la puerta y cuando la vi, casi se me caen los ojos al piso. Llevaba un vestido floreado, que le ajustaba bien al cuerpo, y le hacía resaltar bastante bien sus piernas y sus caderas. Intenté mirar hacía arriba, la saludé, ella sonrió, se le veía linda como siempre, con sus rulos naturales y su tez morena. Me invitó a pasar, allí encontré a amigos suyos, los cuales me presentó. Tras beber un par de cervezas, salimos a la calle, donde tomamos dos taxis para ir en dos grupos.
En el camino a ese bar, siento que el celular timbra, y veo que muestra que mi contacto “X” llama. Me dio risa, que le haya puesto X en mi agenda. Debe ser que cuando me dio su nuevo teléfono, lo hice tan apurado que me dio pereza colocar su verdadero nombre. Contesté. – Aló –.
Se escuchaba mucho ruido, pero al final oí: – Hola. Quería preguntarte si ibas a hacer algo está noche, estoy aburrida en casa de unas amigas –. Le respondí, que estaba con unas amigas yendo a un bar por Miraflores, que si gustaba podía ir, que era gente que ella conocía y que iba a estar divertido. – Sale. Yo te llamo más tardecito, si convenzo a mis amigas. Hablamos -. Eso fue lo último que ella dijo y colgó.
Llegué a mi destino. Pagué al taxista, y bajamos con la gente. Los otros ya habían llegado. Entramos al sitio, encontramos unos sillones vacios y nos sentamos todos. A mi lado estaba Karina, y para empezar pedimos vino y algo para picar. La reunión se fue haciendo amena. Al ratito mi teléfono suena, llama otra vez “X” quien me dice que está yendo con sus amigas, y que le de la dirección. Se la doy, y me dice que llega en media hora.
El lugar es interesante, se escucha rock británico, indie, música ochentera, algunas canciones noventeras, algo de rock en español. El lugar me pareció bastante bueno. A la media hora llegó X, con dos amigas suyas y un amigo. Ella me presentó a sus amigos y yo le presenté a Karina y los demás.
Pusieron una canción de Soda Stereo, se llamaba Trátame suavemente. Me sentí congelado, pensé en lo que me había pasado, cuando de pronto siento que Karina me jala del hombro y me pregunta: – ¿Por qué estás así amiguito?. – . Le respondo, que esa canción me recuerda a mi ex. – Sorry, tío por pedir esa canción. No sabía que te recordaba a tu ex – Agregó X. – No se preocupen. Es solo una canción. Más bien. Saludos chicos, no hay que ponerse serios – Finalicé.
Tras brindar, me serví una copa de vino más y pedí otra botella. El amigo de X, estaba muy pegado a ella, conversándole cosas cerca al oído mientras ella lanzaba sonrisas coquetas con él. Conversando con el grupo y con Karina, me di cuenta que teníamos bastantes cosas en común, llamándome la atención que a Karina tuviera gustos musicales parecidos a los míos, y yo antes pensaba que a esa chica le gustaba solo la cumbia.
En algún momento tuve que irme al baño. Entré hice lo que tenía que hacer, me lavé las manos y la cara, y mientras me miraba al espejo, sentía que de alguna manera me estaba sintiendo de maravilla. Afuera, en el pasadizo me encontré con X besándose con su amigo. Seguí caminando y me senté nuevamente junto a Karina. Ella me sonrío y me miró a los ojos. Le sonreí y sin querer baje mi mirada y le miré las piernas.
Traté de levantar la mirada, y me concentré en tomar un poco más de vino, y conversar con el grupo. No sé como salió de la conversación, pero empezamos a conversar de viajes astrales, y me empecé a interesarme en el tema. Al ratito regresó X con su amigo. Se sentaron, y X empezó a hacer bromas sobre el tema, mientras fumaba un cigarrillo. Vi la hora y eran como las dos de la mañana. Ya me sentía un poco mareado y con sueño. Así que me despedí de todos, y les dije que me iba a casa.
Salí del bar y corría un ligero aire frio. Caminando por un parque, revisé cuanto me quedaba de esa noche, y vi que me quedaba un billete de veinte soles y una moneda de un sol. Llegué a un paradero para tomar el taxi, pero me cobraban caro. Así que vi una combi, y me dije a mi mismo, que podía ir a la avenida principal y de allí tomar un taxi. Pagué mi sol y me senté junto a la ventana. Cerré ligeramente mis ojos, mientras la combi aceleraba muy rápido. Me quedé dormido. (…)
- Señor, ¿donde lo dejo? – Preguntó el taxista, que estaba a la altura de donde le había indicado. Me desperté en el acto. – En la esquina que viene – le señalé. El taxi se aparcó en una esquina. Le pagué los veinte soles al taxista y me bajé. Caminé por la calle, me llamó la atención que existieran rejas, no las recordaba haber visto la última vez que fui a casa de mis padres.
A unos metros de llegar, me sentí fatal, no podía más, me fui hacía un árbol y me lancé a vomitar. Seguí caminando, hasta que llegué a la casa de mis padres. Entré y me dirigí al baño. Me cepillé los dientes con el cepillo de dientes que dejé allí, e hice un poco de gárgaras con el Listerine que encontré en el baño.
Al lavarme la cara, sentí que veía medio borroso en uno de mis ojos, me vi al espejo y vi que tenía un lente de contacto que estaba doblado en mis pestañas. Me lo quité. Era raro, porque nunca he usado lentes. Vi mi otro ojo, y vi que tenía un lente de contacto. Me desesperé. No entendía nada, pero veía borroso. No sé como lo hice al final, pero me quité el lente de contacto. Al final tiré los lentes de contacto por la coladera del lavatorio. Solo quería dormir. Respiré profundo y subí las escaleras. Entré a mi ex habitación. Me saqué los zapatos y me tiré en mi antigua cama, encima con lo que tenía. Al minuto, me quedé dormido. (…)
Siendo las 9:30 de la mañana y tras sentir el timbrado del celular me desperté. Llamaba X. Tras buscar el teléfono en mi pantalón, le contesté: – Aló – . – Hola. ¿como has amanecido? ¿todo bien?. - preguntó X. Le dije que estaba perfecto, que había dormido como un bebe, y le pregunté a que se debía su preocupación. Ella me dijo: – Has estado bien raro. Me llamaste casi a las tres de la mañana. Por eso te llamé –. Le dije que había borrado cassette, que no me acordaba de nada, y que a lo mucho me acordaba haberme quedado en la combi de regreso. – ¡¡¡¿Te fuiste en combi?!!! – Me gritó.
Le dije que tenía mi propio instinto de supervivencia y que mi idea era tomar taxi llegando a la avenida principal, pero que no me acordaba de nada. En eso me reí. Agregué que no se preocupará que no había pasado nada. Ella se quedó callada. Luego me dijo: – Tienes que evitar tomar de esa manera. Más bien que milagro que no hayas vomitado. – . Le respondí que tenía un estomago de hierro. Finalmente, me dijo: – Revisa tus cosas de todas maneras, no te vayan haber robado. Tengo que irme. Cuídate. Besitos – . – Igual para ti – le respondí y colgué.
Revisé mi pantalón y ya no tenía ni un centavo. Me sentía un poco tieso, con la ropa del día anterior, así que me la quité, me puse mi piyama y fui al baño. Allí, me lavé la cara. Me vi a los ojos, y me di cuenta que felizmente no había dormido con lentes de contacto. Busqué el estuche, pero los encontré vacios. Puta madre, me dije en mi interior. Me coloqué los lentes “normales”.
Luego, bajé a tomar desayuno al comedor. Por las ventanas se veía un sol resplandeciente. Saludé a mis padres y a mi hermana, y me puse a disfrutar de un rico desayuno con tamales, chicharrones y mucho jugo de naranja. Me sentí por unos instantes bendecido.
Read MoreLlegando apurado [Cuento]
Posted by Marco on may 17, 2010 in cuentos | 0 comments
Cruzar San Isidro en auto es muy difícil por estos días, sobre todo en las noches por culpa del caótico tráfico ocasionado por un impertinente alcalde que ha señalizado mal las calles.
Está noche era mi noche, ya me había bañado, peinado, cortado el cabello, afeitado la barba, cortado las uñas, echado perfume, tomado mis pastillas para la alergia, etc.
Me vestí con un terno plomo claro, con una camisa a rayas, una corbata que me quedaba excelente con gemelos. Normalmente, no usaba gemelos, pero está vez la ocasión lo ameritaba.
En el auto iba escuchando Starman de David Bowie, e iba pisando el acelerador despacio para ir al lugar donde se definiría mi destino. Pensaba en Claudia, imaginándome que todo iba a ser perfecto, en la noche perfecta. En fin, ya le había dicho a mi madre que no me avergonzará con alguna anécdota que me dejará en ridículo frente a la familia de mi novia.
En el fondo todo lo que iba a hacer me daba vergüenza, y no tenía idea si lo que iba a hacer se acostumbraba a hacer ahora. Iba a pedir la mano de mi novia a su familia, e iba a ir con mi familia. De solo pensar en eso casi vomité, y me acordé de como me jodió mi hermano mayor cuando le conté que me iba a casar. En ese momento respiré hondo, y revisé mi Blackberry mientras el policía aguantaba el tráfico. “Yendo a pasar roche en casa de Claudia” actualicé en mi Facebook.
Los autos empezaron a pasar. Aceleré y crucé la avenida. Al fin ya cerca, me decía dentro de mi mismo, que debo tener cuidado con lo que digo, porque a veces se me van las palabras. Iba adentrado mis pensamientos, cuando siento un golpe fuerte en la puerta derecha del auto, cuando de pronto soy arrastrado con auto y todo por una camioneta que iba en una transversal. Mi cabeza se golpea con la ventana izquierda, y luego…
(…)
Me golpee con la luna bastante fuerte y me desperté un poco adolorido. El cobrador de combi me dijo: chino…chino, ya hemos llegado al paradero. Estaba bastante aturdido. Se escuchaba de fondo la canción Tu Hipocresía de Grupo 5.
Demoré unos segundos en reaccionar. Bajé por una avenida que no conocía, de un distrito que no conocía, sin idea de como y porque había llegado allí. Sentía un dolor de cabeza, y un dolor de estomago como si hubiera estado tomando alcohol toda la noche. Iba a vomitar, pero sabía que me iba a doler. Le pregunté a una viejecita, donde estaba. Me dijo en la Avenida Wiesse. Le pregunté, ¿en que distrito estoy?. La señora se alejó rápidamente. Doble a la izquierda, miré alrededor, vi que al fondo habían cerros iluminados. Encontré a un hombre sentado en una esquina. Le pregunté al señor si me pudiera hacer un favor y pudiera decirme en que lugar y que distrito estaba. Me dijo que me encontraba en San Juan de Lurigancho, en Lima. Le agradecí. Seguí caminando y escuché a un borracho que me gritó por detrás: ¡para eso te emborrachas, no te acuerdas ni donde has ido.!. No respondí nada. Estaba en un lugar que desconocía por completo.
Caminé unos minutos, pasé junto a un restaurante donde vendían caldo de gallina. Allí en el ventanal vi mi reflejo, llevaba puesta una camisa azul oscura y un pantalón marrón oscuro. Busqué mis bolsillos, encontré un celular Motorola y una billetera con veinte soles. Pensé en ir a mi departamento, pero más cerca se encontraba la casa de mis padres, por cuanto me sentía súper mal de la cabeza y del estomago. Vi la hora en el celular, marcaban casi las tres de la madrugada.
Busqué un taxi, ninguno me quería llevar. Después de mucho buscar encontré un taxista que me llevará a La Molina. Me cobró los veinte soles. Maldito – pensé. Me senté en la parte trasera, iba mirando a través por la ventana, un poco aliviado, porque dejaba ese sitio tan extraño atrás, mientras más me acercaba a la autopista de la Panamericana.
(…)
Reaccioné. – Auuuu…. Ahhhhh….. – Me duele todo el cuerpo, empiezo a botar un poco de sangre por la boca. Mi cabeza aparentemente está rota. Un tipo me dice que no me mueva que ya viene la ambulancia. Veo que mi camisa y mi terno están ensangrentados. Siento que me voy…
(…)
Traté de mantenerme despierto mientras iba en el taxi que ahora sonaba con la canción Lárgate de los Hermanos Yaipen. Miro el celular, la última llamada que recibí fue de “X”. Al menos así lo decía la agenda del teléfono.
Timbré a ese teléfono. Le digo al taxista que baje el volumen de su radio. Me contesta la voz de una chica, en el fondo se escucha Mad World de Tears of Fears. Me grita: Aló, aló… La música va disminuyendo. – Hola tío, ¿por qué te fuiste tan temprano?. Le respondí que me sentía muy cansado. Me dice: – La música y el bar están recontra chéveres. Te hubieras quedado un rato más, acá la gente ya está un mate de la risa. Le digo: – Seguro que tienes razón. Ahorita me estoy yendo a casa. Me voy a dormir. Cuídate, saludos. Me contesta: – Cuídate, loquito, ya nos vemos, un besito.
Tras colgar, el taxista levanta el volumen de la radio. Voy mirando la noche, sintiendo como si la ruta de la carretera fuera yendo hacía abajo, mientras vamos con dirección al sur, para ir finalmente a La Molina. Lo que tenía claro, era que al parecer tenía una resaca espantosa, que no recordaba que había pasado en esa noche, que no recordaba a X, que no recordaba casi nada de mí, y que lo único que quería era dormir.
Read MoreLa noche mirando sus ojos
Posted by Marco on abr 9, 2010 in cuentos | 0 comments
Han pasado muchos meses y nada ha sido fácil. A veces pienso que he cambiado mi destino. Siento que aquella noche, en vez de convencerme a mí mismo que todo era el final, debí de regresar, abrazarla y decirle que me quedaría con ella siempre. Lástima que mi me di cuenta demasiado tarde.
Siento muchas veces que he hecho lo correcto, he obedecido a mi razón, sin embargo no es suficiente, porque no siento que eso me haga feliz. Ahora las circunstancias y los hechos han tomado un rumbo bastante distinto al que pensaba, elegí el camino correcto, siento que cada día me hago mejor profesionalmente, sin embargo, estoy muy lejos de decir que estoy en camino a ser feliz; más bien por el contrario, la soledad cada vez se hace más presente, las personas que aparecen y desaparecen son más constantes. Ellos son como fantasmas, de las cuales no puedes estar seguro de confiar, siendo el único consuelo que al menos hacen compañía mientras existen.
Estoy en casa, recostado en mi cama, abro los ojos, me animo a hacer algo en la noche. Llamó a X y le preguntó si puedo ir su casa, ella responde que sí, pero me pregunta si le puedo llevar un vino, a lo que le respondo que normal.
Voy a su edificio, subo a su departamento, toco la puerta, y tras abrirme, me dice que entre. Me siento en el sillón de su sala, ella se ve muy bonita, viene usando un vestido azul, la abrazo, y le digo que todo mi día sido una reverenda basura. X me dice que tengo que estar tranquilo, que debo relajarme. Le pregunto, donde están sus copas. Ella me señala el repostero. Voy allí, saco dos copas, saco el vino de su bolsa, sirvo de vino las dos copas, le entrego una.
Le sonrío, le digo salud, chocamos las copas, y tomamos suavemente la deliciosa bebida. Seguimos en ese plan hasta la medianoche, de pronto empiezo besar su cuello, cojo con mi mano una de sus piernas, y justo cuando estábamos a punto de besarnos, suena su teléfono, ella contesta, y su madre le dice que va llegar a su casa y que deje sin tranca la puerta principal.
En ese momento X me dice que tengo que irme. Me levanto y me despido de ella. Abro la puerta y bajo las escaleras al primer piso.
Salgo a la calle, camino una cuadra, miró hacia atrás, y veo como todo empieza a desaparecer, reapareciendo las tiendas comerciales, el tráfico y el ruido en esa tranquila calle. Sigo caminando mirando ahora hacia delante, y veo como una casa desaparece, apareciendo en el acto un edificio. Giro a la izquierda, encuentro la avenida con mucho tráfico, son las 12:10 de la noche. Me acerco a un taxi, le digo que me lleve a casa.
En el camino voy pensando en X, marco su teléfono, sin embargo, me suena el mensaje de voz, diciendo que el número que he marcado no existe. En eso, veo la noche por la ventana del taxi, observo las luces y siento el viento frio, suspiro, y me pregunto cuándo podré volver a verla.
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