Desorientado [Cuento]
Posted by Marco on nov 12, 2010 in cuentos | 0 comments
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Salgo a la calle, camino una cuadra, miró hacia atrás, y veo como todo empieza a desaparecer, reapareciendo las tiendas comerciales, el tráfico y el ruido en esa tranquila calle. (…) - Lo hecho, hecho está. – Me dije a mi mismo. – Aunque no hubiera querido que sea así. (…) – ¿Donde está el terno para la cena?. Miré por los sillones, por el closet, por todo el departamento. Al final, asustado salí hacía la cochera. El traje se encontraba sobre el techo del auto, y no se encontraba mojado gracias a la funda. (…)
De pronto soy arrastrado con auto y todo por una camioneta que iba en una transversal. Mi cabeza se golpea con la ventana izquierda, y luego (…) Me golpee con la luna bastante fuerte y me desperté un poco adolorido. El cobrador de combi me dijo: chino…chino, ya hemos llegado al paradero. (…) Ella me dijo: – Has estado bien raro. Me llamaste casi a las tres de la mañana. Por eso te llamé –. Le dije que había borrado cassette, que no me acordaba de nada, y que a lo mucho me acordaba haberme quedado en la combi de regreso. – ¡¡¡¿Te fuiste en combi?!!! – Me gritó. (…)
Al día siguiente del accidente. 8:30 a.m.
Camino a oscuras dentro de la casa, bajo las escaleras, siento frío, ando buscando algo pero no sé que es, me siento agitado. El primer piso de la casa, aún está a medio pintar. Veo a través del ventanal. Hay una chica de vestido azul cuyo rostro no puedo ver, que está con un arma apuntándose a la cabeza. Voy corriendo, quiero gritar pero no puedo….Corro agitado (…)
Abro los ojos, totalmente desorientado y aún en shock. Veo el techo y las paredes blancas. Estaba con un collarín, con la cabeza y el hombro vendado y una pierna enyesada. Un médico flaco y calvo me miraba atentamente, y me apuntaba con la luz de una linterna directo a los ojos.
- ¿Como ha amanecido? – Preguntó el médico. Detrás de él vi a dos enfermeras quienes se me acercaban para atenderme y ver el suero.
- Bien doctor. Solo que me duele todo el cuerpo, como si me hubieran dado una paliza.-
- Ha tenido suerte, casi se nos ha ido. Felizmente lo trajeron a tiempo. – Le vamos a administrar unos medicamentos para el dolor. Probablemente se sienta un poco adormecido en un rato, pero es normal.
En ese momento, el médico habló en voz baja a las enfermeras, luego se fue. Al rato, una enfermera me trajo algo de desayuno. Era un día con mucho sol, al menos eso me alegraba el día.
Media hora después llegó mi madre y mi hermana quienes se quedaron conversando conmigo buen rato. Me contaron que el auto quedó hecho añicos y que el dueño de la camioneta había fugado, y no pudo ser identificado. Pregunté por Claudia, y mi hermana me contó que estaba muy afectada por lo que me había pasado, y que como había estado hasta muy tarde cuidándome.
Mi madre y mi hermana se quedaron conversando conmigo una hora más, luego se retiraron de la habitación y me quede solo.
En ese momento de soledad, me sentí extraño, durante mi inconsciencia había tenido una serie de sueños “pastrulos” como se les podría llamar. Nunca entendí la naturaleza de los sueños, pero me pareció interesante.
Ahora, estaba aburrido y en el fondo tranquilo. Ya no me sentía con la carga del compromiso, del matrimonio, de los arreglos, de gastar mucho dinero, de los hijos, de gastar más dinero, de la calvicie, de la vejez, de la enfermedad, de esa frase que significaba para siempre. Al menos por un instante, sentí que el choque no había sido tan malo, al menos me permitía soñar y divagar. Al menos me dejo unos días de descanso.
A mi lado, había una mesita con patas largas y ruedas. Me habían dejado una galleta grande en un plato. Procedí a morderla… (…)
Observé que el calendario tenía los días del mes de octubre, y tenía como fondo la imagen de una niña con sombrero.
- ¿Estás bien?. Pareces ido. Come tu comida. – pregunto mi madre. – Sí – respondí.
- Para eso tomas, luego andas resacoso – Dijo mi hermana. – Naa…. Estoy bien- Le respondí.
Me encontraba sentado en la mesa, con mis hermanos y mis padres. Por más que lo intentaba no podía recordar lo que estaba pensando… Tenía hambre y seguí comiendo (…)
Vi la pared blanca de la clínica, busqué la galleta que estaba comiendo, y vi que cayó al suelo. No entendí como se me había podido caer. Estaba hecha añicos. Me sentí frustrado, no podía levantarme a recogerla, me dolía ligeramente el cuerpo, así que era mejor no hacer esfuerzo.
Me incliné en mi cama, aún era de mañana. Cerré los ojos y me eché a dormir.

